
Si has visto un pequeño insecto de alas apagadas revoloteando cerca de un armario o de la despensa, es normal preguntarse cómo son las polillas exactamente y si lo que tienes delante es una plaga real. A diferencia de las mariposas, las polillas domésticas son discretas, de vuelo errático y actividad casi siempre nocturna, lo que hace que muchas infestaciones pasen desapercibidas hasta que aparecen los primeros daños en tejidos o alimentos.
Las polillas que afectan a los hogares son mucho más pequeñas de lo que la mayoría imagina: entre 6 y 14 milímetros de envergadura, con alas estrechas de tonos crema, dorado apagado o gris pardo, sin los colores vistosos de las mariposas diurnas. Su cuerpo está cubierto de escamas finas que se desprenden con facilidad al tocarlas, y sus antenas son largas y filiformes. En reposo mantienen las alas plegadas en forma de tejado sobre el cuerpo, un detalle útil para diferenciarlas de otros insectos voladores domésticos.
No todas las polillas que aparecen en casa son la misma especie ni afectan a lo mismo:
El ciclo completo —huevo, larva, pupa y adulto— puede completarse en pocas semanas en ambientes cálidos y húmedos, o alargarse varios meses si las condiciones son más frías y secas. La fase que realmente causa daño no es la polilla adulta, sino la larva: un pequeño gusano blanquecino que se alimenta sin descanso durante semanas antes de convertirse en polilla. Esto explica por qué el agujero en un jersey o el paquete de cereales contaminado suele descubrirse mucho antes de ver ningún adulto volando por la habitación: para entonces, varias generaciones pueden haberse solapado ya en el mismo armario o despensa.
El adulto volador es la parte más visible, pero el daño real lo causan las larvas, que pasan la mayor parte del ciclo escondidas. Conviene revisar de cerca si aparece alguna de estas señales:
Las polillas domésticas buscan sobre todo dos cosas: fibras naturales (lana, seda, plumas, pieles) para la especie textil, o alimentos secos y almacenados para la especie alimentaria. Los espacios oscuros, poco ventilados y donde la ropa o la comida permanecen quietas durante semanas —armarios cerrados, baúles, la parte trasera de la despensa— son el entorno ideal para que una hembra ponga los huevos sin que nadie lo note hasta que el daño ya está hecho.
Estas medidas ayudan a frenar la reproducción mientras se valora si hace falta un tratamiento profesional:
Aun así, rara vez eliminan una infestación ya establecida: las larvas pueden esconderse en costuras, rincones y grietas difíciles de inspeccionar a simple vista.
Si las señales se repiten después de la limpieza, o si el daño ya afecta a varias prendas o zonas de la despensa, lo más eficaz es una inspección profesional que localice el foco real y aplique un tratamiento dirigido, en lugar de repetir remedios caseros sin certeza sobre el origen. En Faycanes, el servicio de fumigación de polillas incluye esa identificación previa antes de intervenir, algo especialmente relevante en Canarias, donde la humedad y las temperaturas suaves alargan la actividad de estos insectos casi todo el año.
Si además notas otro tipo de indicios en casa —manchas, ruidos o restos que no encajan con polillas— nuestra guía para identificar plagas por sus rastros ayuda a acotar de qué insecto se trata antes de decidir el siguiente paso.
Faycanes es la principal empresa de control de plagas en Canarias. Con más de cincuenta años de experiencia, ofrecemos tratamientos rápidos, seguros y eficaces.
Mejorando día a día por tí
*Servicio sin tener que salir de casa: Salvo que las condiciones de infestación lo requieran
*Métodos de pago y financiación: Aplicable en determinados contratos que por sus características e importe se encuentren habilitados
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