
Las termitas pertenecen al orden Isoptera y se organizan en colonias donde cada casta cumple una función específica. A diferencia de las hormigas, su aspecto general es blando, sin constricción marcada en la “cintura” y con antenas rectas. Entender el papel de cada casta permite reconocer la plaga incluso cuando los individuos no son visibles a simple vista.
Las obreras son las responsables de alimentarse y alimentar al resto de la colonia. Suelen ser blanquecinas o crema, con cabeza poco diferenciada y ojos ausentes o muy reducidos. Miden entre 3 y 6 mm según la especie y el estado de desarrollo. Se mueven por galerías internas que excavan en madera y otros materiales con celulosa (cartón, DM, aglomerados).
En espacios habitados, la práctica habitual muestra que muebles, marcos de puertas, rodapiés y vigas son objetivos frecuentes. La madera puede sonar hueca al golpearla suavemente debido al consumo interno. Esta actividad no suele dejar serrín visible; por eso pasa inadvertida durante meses.
Los soldados exhiben un rasgo inconfundible: mandíbulas desarrolladas y cabeza más oscura y robusta. Su función es defender las galerías y los tubos de tránsito frente a depredadores (p. ej., hormigas). No se alimentan por sí mismos; dependen de la comida que les proporcionan las obreras mediante trofalaxia. A nivel práctico, su presencia en una muestra indica colonia establecida y madura.
Las reproductoras aladas son oscuras, con dos pares de alas del mismo tamaño que suelen romperse tras el vuelo nupcial. El enjambre aparece en determinadas épocas del año (varía según clima y especie) y se percibe como la “aparición” repentina de insectos alados en interiores. Ver alas desechadas cerca de ventanas o lámparas es una señal inequívoca de actividad. Detectarlas implica riesgo de nuevos focos si no se interviene.
Identificar señales de actividad a tiempo evita deterioros costosos, especialmente en elementos estructurales. Según la práctica del sector, cuando no se actúa con rapidez vigas y otros elementos de carga pueden quedar comprometidos.
En termitas subterráneas, es habitual observar tubos de barro (cordones delgados de material terroso) que conectan el suelo con la madera o con puntos de entrada (juntas, grietas, forjados). Dentro de la madera, las termitas excavan galerías longitudinales y dejan una capa superficial aparentemente intacta. Al presionar, la superficie puede ceder o abombarse la pintura. No suele verse serrín; el interior aparece fibroso o con “papel” degradado.
Un diagnóstico erróneo conduce a tratamientos ineficaces. La experiencia indica que muchos propietarios interpretan agujeritos circulares y serrín como termitas, cuando con frecuencia se trata de carcoma (coleópteros xilófagos). La carcoma deja orificios de salida visibles y acúmulos de serrín; las termitas no. Ante la duda, conviene solicitar un análisis exhaustivo de la plaga para determinar si se trata de termitas, carcoma u hongos y el alcance real del problema.
Consejo práctico: antes de pintar o reparar, documentar con fotos los tubos de barro, alas desechadas y zonas blandas. Esa evidencia facilita el diagnóstico profesional y evita “enmascarar” la actividad.
Distinguir estos tres casos acelera la toma de decisiones.
La carcoma produce orificios de salida redondos y deja serrín fino (frass) bajo la pieza o en repisas. En termitas, lo que aparece son tubos de barro, alas desprendidas y madera hueca sin serrín externo. Esta diferencia guía el tratamiento específico que conviene seleccionar.
Las termitas se alimentan de celulosa con ayuda de simbiontes en su sistema digestivo. Requieren humedad estable para mantener su cutícula y el microclima de las galerías, por ello la humedad capilar, filtraciones o contactos madera-suelo aumentan el riesgo.
En contextos domésticos se encuentran principalmente:
La ubicación y el tipo de madera (maciza, laminada, aglomerado) influyen en la accesibilidad del tratamiento, motivo por el cual el estudio del lugar y del tipo de madera afectada es un paso crítico antes de intervenir.
Un diagnóstico correcto evita gastos superfluos y garantiza eficacia. El proceso recomendado incluye:
Primero se realiza un análisis exhaustivo para confirmar si se trata de termitas, carcoma u hongos y para valorar el alcance (puntos activos, zonas de riesgo, tránsito oculto). A continuación se ejecuta un estudio del lugar para saber qué maderas están afectadas, dónde se encuentran y su accesibilidad (revestimientos, falsos techos, contacto con suelo o muros húmedos).
En esta fase, cuando el foco es claro o el riesgo estructural no puede descartarse, conviene solicitar un diagnóstico y presupuesto para termitas a un servicio especializado; desde el propio informe se puede derivar a un tratamiento de termitas y carcoma ajustado al caso.
Siempre que sea posible, se recomienda identificar la especie (subterránea o madera seca) y valorar la integridad de elementos críticos (p. ej., vigas). En estructuras, un error de diagnóstico —por ejemplo, tratar como carcoma una colonia subterránea— retrasa la solución y permite que el daño avance.
El tratamiento específico se define tras el diagnóstico, combinando eficacia y seguridad:
La inyección introduce biocida en el interior de la pieza mediante válvulas o puntos a intervalos. La microinyección se aplica cuando el acceso es limitado o la pieza es delicada. Se complementa con brocheo o pulverización en superficies para crear una barrera en zonas de tránsito. Esta vía es adecuada en infestaciones localizadas en marcos, puertas o muebles.
Para termitas subterráneas, la práctica profesional utiliza barreras químicas antitermita perimetrales (en suelo o zócalos) que impiden el tránsito de la colonia hacia la estructura. En viviendas con humedad o con contacto madera-suelo, este enfoque reduce reinfestaciones. Cuando la evaluación lo justifica, puede combinarse con sistemas de inyección en las piezas afectadas o con gases inertes en escenarios muy concretos. Si la inspección revela varios puntos de actividad, resulta útil solicitar un plan de acción con barreras químicas antitermita e inyección para cubrir tanto origen como daños visibles.
La pulverización y el brocheo protegen superficies, aristas y encuentros, reduciendo accesos. Los gases inertes se reservan para tratamientos específicos en cámaras controladas o situaciones donde no es viable aplicar líquidos y se requiere penetración sin humedecer la pieza.
En la experiencia de campo, combinar diagnóstico, estudio de la madera y tratamiento individualizado —inyección, microinyección, barreras, pulverización y, cuando procede, gases inertes— ofrece los mejores resultados a medio plazo.
Cierre de la sección: si tras una primera inspección casera detectas alas, tubos o madera hueca, conviene pasar de la observación a la acción con un control profesional de xilófagos en vivienda para evitar que la colonia se expanda.
Cuando el inmueble es antiguo o presenta vigas y forjados de madera, la recomendación es mantener un plan de revisión y, ante cualquier signo, solicitar diagnóstico y presupuesto para termitas con respuesta técnica documentada.
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