
Los pececillos de plata aparecen en casa porque han encontrado humedad, calor y algo que comer: casi siempre un baño o un lavadero que no se seca, una pared con filtración o cajas de cartón y papel guardadas en un armario húmedo. No pican ni transmiten enfermedades, pero avisan de un problema de humedad y estropean libros, fotos, papel pintado y ropa. Para eliminarlos no basta con pulverizar insecticida: hay que secar y ventilar el rincón donde viven, quitarles los refugios y la comida, y tratar las grietas donde se esconden.
Un pececillo de plata es un insecto sin alas, de entre 12 y 19 milímetros, con el cuerpo alargado en forma de gota, cubierto de escamas de color gris plateado que brillan a la luz. Tiene dos antenas largas en la cabeza y tres filamentos finos en el extremo del abdomen, y se mueve con un culebreo rápido que recuerda al de un pez, de ahí su nombre. Su nombre científico es Lepisma saccharina.
Es nocturno. Lo normal es verlo al encender la luz del baño de madrugada, correr por el suelo del plato de ducha o quedarse atrapado en el lavabo o la bañera, porque las paredes lisas no le dejan trepar. Las crías son iguales que los adultos, solo que más pequeñas y blanquecinas, sin las escamas plateadas.
Se confunde con otros bichos de humedad. Los psócidos o piojos de los libros son mucho más pequeños, de uno o dos milímetros, de color claro y sin colas. Las moscas de la humedad vuelan y salen de los desagües. Las cochinillas de humedad son grises pero redondeadas, con muchas patas y se enrollan al tocarlas. Si tiene tres colas y escamas brillantes, es un pececillo de plata.
Los pececillos de plata aparecen en casa cuando encuentran a la vez tres cosas: humedad alta, temperatura templada y comida con almidón o celulosa. Según las fichas de control de plagas de la Universidad de California, prefieren zonas húmedas y cálidas, entre 22 y 32 grados, y necesitan una humedad relativa por encima del 75 % para prosperar cuando hace calor. Una vivienda canaria de costa, con el baño sin ventana y la ropa tendida dentro, les da justo eso.
Por eso suelen aparecer en los mismos sitios: baños y platos de ducha que no se secan, lavaderos con la lavadora pegada a la pared, cocinas con fuga bajo el fregadero, trasteros con cajas de cartón, armarios empotrados en una pared que da al exterior o al patio de luces, y dormitorios con la cama contra una pared fría donde condensa la humedad. Si los ves en una habitación concreta, lo que hay que buscar no es el insecto, sino la humedad que lo mantiene.
Entran por rendijas de puertas y ventanas, desde el patio de luces o por las juntas de las instalaciones, y también llegan dentro de cajas, libros de segunda mano o paquetes que han pasado tiempo en un almacén húmedo. Una vez dentro se instalan donde nadie los molesta: detrás de los zócalos, bajo azulejos sueltos, en el hueco de la cisterna, detrás de los muebles del baño y entre los libros de una estantería pegada a la pared.
No. Los pececillos de plata no pican, no muerden a las personas ni a las mascotas y no transmiten enfermedades. Sus mandíbulas son tan débiles que ni siquiera cortan el papel: lo raspan por encima. Si notas picaduras al levantarte y has visto pececillos de plata en el dormitorio, el culpable es otro. En el blog explicamos cómo distinguir las picaduras nocturnas de chinches, pulgas, ácaros y mosquitos.
Lo que sí hacen es estropear objetos y, sobre todo, avisar: donde hay pececillos de plata hay una humedad que también favorece el moho, los ácaros y, si hay madera, la carcoma.
Los pececillos de plata se alimentan de almidón y celulosa, así que atacan sobre todo papel, cartón, pegamento, fotografías, libros, papel pintado, etiquetas, ropa con apresto o almidón y alimentos secos como harina, cereales o pasta. También comen polvo, pelo, restos de insectos y algunos hongos, y aguantan varios meses sin comer, por lo que no desaparecen por dejar un armario vacío unas semanas.
El daño es reconocible: agujeros irregulares y superficiales en el papel, como si lo hubieran raspado, bordes de páginas roídos, manchas amarillentas en libros o fotos, papel pintado despegado y puntos negros de excrementos junto a escamas plateadas con aspecto de polvo. En ropa guardada hacen agujeros finos en algodón, lino o seda, sobre todo si la prenda está almidonada o manchada de comida.
Para eliminar los pececillos de plata en casa hay que actuar sobre la humedad, los refugios y la comida, en ese orden; el insecticida va al final y solo en las grietas donde se esconden. Si se pulveriza la habitación sin secar la causa, vuelven en dos o tres semanas.
Sobre los remedios caseros: el ácido bórico y la tierra de diatomeas deshidratan al insecto si pasa por encima, pero solo funcionan en seco; en cuanto el polvo se humedece y apelmaza deja de servir, que es justo lo que ocurre en un baño. El vinagre, la lavanda o la canela no eliminan una población instalada, y los aerosoles domésticos solo ayudan aplicados en grietas y zócalos, nunca en el aire.
Si se corrige la humedad y se tratan las grietas, los pececillos de plata adultos dejan de verse en dos o tres semanas; si pasado ese tiempo siguen apareciendo, es que queda un refugio o una fuente de agua sin tratar. Hay que contar con los huevos: la hembra los deja en grietas y rendijas y tardan entre 19 y 32 días en eclosionar, así que pueden salir crías cuando ya creías que estaba resuelto. Las trampas adhesivas durante un mes o dos son la forma de confirmarlo.
No es una plaga que explote de un día para otro: un pececillo de plata tarda unos dos meses en hacerse adulto con calor y puede vivir unos tres años, de modo que una casa con unos pocos ejemplares lleva meses dándoles las condiciones. Una vez corregida la humedad, no vuelven mientras la casa siga seca.
Conviene llamar a un profesional cuando los pececillos de plata aparecen en varias habitaciones, cuando vuelven a las pocas semanas de haber secado y limpiado la zona, o cuando van acompañados de moho, olor a humedad o pintura levantada que indican una filtración que no se ve. En esos casos el problema no está en el baño, sino en una pared, una bajante o un forjado, y hay que localizarlo antes de tratar.
Una inspección profesional localiza el foco de humedad, identifica si lo que hay es pececillo de plata, psócido u otra especie, y aplica el tratamiento en las grietas y los huecos donde se esconden, con productos registrados y sin pulverizar toda la casa. En Faycanes llevamos más de sesenta años haciendo desinsectación en Canarias, y en viviendas de costa este tipo de plaga de humedad es de las más habituales que vemos; si además hay madera afectada, revisamos también si la humedad ha llamado a la carcoma, como contamos en carcoma y humedad.
Los pececillos de plata no vuelven a una casa seca, ventilada y sin cartón acumulado. La prevención es mantener lo que ya ha funcionado: ventilar el baño y el lavadero cada día, secar las juntas, revisar una vez al mes los bajos del fregadero y la cisterna, y guardar documentos y alimentos secos en recipientes cerrados. Si la humedad es estructural, por la orientación o porque el baño no tiene ventana, un deshumidificador programado y una rejilla de ventilación resuelven más que cualquier producto. Y si aun así siguen apareciendo, no insistas con sprays: pide una inspección, porque lo que hay que encontrar es el agua.
Faycanes es la principal empresa de control de plagas en Canarias. Con más de cincuenta años de experiencia, ofrecemos tratamientos rápidos, seguros y eficaces.
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